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Democracia, sin más adjetivos

Eso es lo que muchos creemos que necesitamos, y que no tenemos: Democracia. Que sea el pueblo quien gobierne.

En los últimos días, mucha gente se ha echado a la calle para reclamar lo que consideran su derecho a una democracia de verdad.
Los principales motivos:
– no se siente representada por los auténticos gobernantes: Los políticos y quienes mueven sus hilos cuales marionetas
– no ve que, permaneciendo al margen, la situación vaya a ir a mejor, sino todo lo contrario
– la situación de crisis a la que se ha llegado, y de la que parece que nuestros dirigentes políticos lejos de poder sacarnos hacen maniobras que parecen hundirnos aún más, aviva el sentimiento de urgencia por hacer algo
– se tiene la impresión de que los causantes de los males salen siempre de ellos muy beneficiados, mientras los inocentes salen muy perjudicados

Mucha gente, de todo tipo de “ideologías”, se ha echado a la calle a protestar, y a tratar de cambiar las cosas a mejor.
Se han reunido asambleas en torno a las principales plazas, y dentro de los campamentos improvisados en ellas.
Se han organizado comisiones para tratar diferentes temas, con la intención de ponerse de acuerdo en lo que la mayoría desea, y en cómo tratar de llegar a conseguirlo.

Me parece un movimiento muy loable, al que deseo por el bien de todos una larga vida llena de pluralidad-diversidad, ideas, proposiciones, actuaciones, éxitos, y aciertos en cuanto a elegir bien su camino y no desviarse de su motivación inicial: Conseguir para todos una auténtica democracia.

Tanto acontecimiento agolpado en tan poco tiempo, me ha hecho reflexionar sobre ideas que hace tiempo venía dando vueltas en la cabeza, y otras nuevas que han ido surgiendo sobre la marcha, y han dado lugar a que quiera exponer aquí unas conclusiones , siempre cambiantes y cambiables, de mis elucubraciones:

1- La mierda, siempre flota. Es mi teoría a la hora de hablar de los políticos. No es por quererlos comparar directamente con la mierda, sino más bien por querer resaltar el hecho de que hay personas que nacen con unas inquietudes que les llevan a querer dedicarse a la política. Generalmente esas inquietudes van asociadas a unas ansias de fama, poder y riqueza, que, aunque nos quieren convencer de que es lo que todos debemos desear para triunfar en esta sociedad, no todos las compartimos. Según mi teoría, si tenemos un barril lleno de agua, y con una capa de mierda flotando arriba, si agitamos el barril e incluso le damos la vuelta, acabaremos encontrándonos con un barril lleno de agua, y con una capa de mierda flotando arriba. Por eso creo que no es una opción el tratar de quitar políticos corruptos, o políticos que no nos representen, por otros que sí lo hagan. Al final, el sustituir a unos políticos por otros nos llevará a estar constantemente removiendo la mierda que flota en la superficie, con lo cual su mal olor podría incluso incrementarse.
2- La idea de cambiar las leyes para que los políticos se comporten correctamente, me parece poco acertada. Podemos explicarle al león de la sabana que no debe comerse a las pobres gacelas, sino solamente los deliciosos vegetales que encuentre. El león no nos hará caso, por más que quisiera hacerlo, ya que su naturaleza se lo impedirá.
3- Los políticos no nos representan. En realidad representan a quienes les lleven a conseguir los ansiados fama, poder y riqueza. Puede que en unas ocasiones sea a sí mismos, y en otras a los grandes poderes económicos: grandes fortunas, banca, multinacionales, industrias energéticas…
4- La solución a la falta de democracia no pasa por esperar que los seguidores de los grandes partidos se den cuenta de que tenemos razón, y exijan a sus dirigentes que adopten otras formas de hacer las cosas. Desde la antigüedad, se pueden encontrar bastantes casos en los que personas se aferran a un “proyecto”, a unos “ideales”, por motivos que en muchos casos se oponen al propio ideal en sí. Resultan por ejemplo curiosos casos como los de las cruzadas, en los que por defender unos ideales que proclaman que debes amar a los demás como a ti mismo, vayan miles de “cristianos” a matar a todo el “prójimo” que pillen a su paso. Misteriosamente somos de un equipo de fútbol en el que no jugamos. Somos patriotas en un país en el que, en muchos casos, odiamos a la mayor parte de las personas que lo habitan. Parece que nos gusta pertenecer a grupos donde nos sentimos protegidos de quienes no son del grupo. Cuanto más grande y fuerte es el grupo, más seguros nos sentimos, y más fuerte se vuelve nuestro fanatismo. Además, ese fanatismo se radicaliza aún más cuanto mayor es la inseguridad, miedo, o complejo de inferioridad de quien lo profesa. Por eso, a quien le interesa dirigir un grupo de fanáticos a su causa, le interesa tener a una población insegura, acobardada, y de personalidad débil. Eso se puede conseguir por medio de la manipulación de la información. No podemos esperar que los que alimentan con sus miedos y fanatismos al sistema político actual, quieran cambiar de la noche a la mañana.
5- Las ideologías se las lleva el viento. Por un lado tenemos a partidos gestados en torno a ideologías concretas, por otro a personas que votan a partidos por sus supuestas ideologías, y por otro a políticos profesionales, cuya motivación como ya hemos dicho suele ser la fama, poder y riqueza, que se saltan todas las posibles ideologías del partido cuando son incompatibles con sus intereses propios.
6- Hay que elegir: ¿jugamos las cartas que nos han tocado, o rompemos la baraja y sacamos un juego nuevo? Teniendo en cuenta el punto anterior, creo que el tratar de imponer a los demás nuestras ideas (que por otra parte, pueden ser de formas tan fanáticas como las de ellos), no es una opción razonable. No nos causaría más que el rechazo por parte de una gran parte de la sociedad, y podría llevarnos a un desencuentro aún mayor entre diversos sectores de esa misma sociedad.

Resumiendo:
– Queremos una auténtica democracia en la que realmente estemos representados. Nuestros representantes serían elegidos democráticamente, y deberían saber exactamente a quienes están representando (con nombres, apellidos y DNI). Deberían exponer pública y anticipadamente todas las decisiones que tuvieran que tomar, y aceptar las ordenes de actuación que sus representados le dieran en cada caso. Los representados podrían ejercer su derecho a votar en cada decisión, o podrían delegar su voto en cualquier otra persona, comisión de expertos, o directamente en su representante (actualmente todos delegamos nuestro voto en todas las decisiones a nuestro representante, en el caso de que lo tengamos, queramos o no). El sistema nos permitiría ver cual habría sido nuestro voto real, y la cadena de representantes por los que habría pasado (creo que en la situación actual esto sería informáticamente posible). Podríamos delegar diferentes tipos de votos a diferentes personas o comisiones de expertos (en la práctica, la mayor parte de personas delegaría la mayor parte de sus votos en otra persona de confianza). Se podrían pedir responsabilidades al representante político que no tomara la decisión que se le hubiera encomendado.
– El sistema impuesto actualmente no nos permite hacer todos esos cambios
– Hay demasiada gente que puede no querer cambiar el sistema
– Nos queda como posible opción juntar a TODOS los que podamos estar de acuerdo con tener una auténtica democracia, independientemente de nuestras ideologías, y formar una auténtica democracia paralela al sistema actual. Dentro de “nuestro sistema democrático” funcionaríamos como deseamos que debería funcionar el sistema actual. La forma de poder unir ambos mundos sería haciendo que “nuestro sistema democrático” participara en el actual sistema como una fuerza política más. Un nuevo partido político. No puedo evitar el pensar en las múltiples similitudes con las soluciones que se han buscado en la informática con la virtualización de Sistemas Operativos o de discos: un sistema operativo que funciona como una aplicación dentro de otro sistema operativo.

2 comments to Democracia, sin más adjetivos

  • Juan Baldes

    Interesante,

    aunque no este para nada de acuerdo con el ultimo punto: “La forma de poder unir ambos mundos sería haciendo que “nuestro sistema democrático” participara en el actual sistema como una fuerza política más. Un nuevo partido político”. De esta forma caeriamos en la de siempre. Fijate en Izquierda Unida, que aglutina un monton de formaciones en su seno. Ni pincha ni corta, y cuando se pone a cortar cuenta con un politico que barre para SU casa.

    A mi entender y por mal que suene hoy en dia, no podra haber cambio sin violencia. Para que “nuestro sistema democratico” prevalezca sobre el actual sera necesaria la violencia (en su mas amplio significado). Sin violencia, el sistema vigente que controla TODO lo controlable, podra asediar a “nuestro sistema” el tiempo que haga falta hasta conseguir su muerte por inanicion.

  • admin

    Gracias por tu comentario, aunque no estoy de acuerdo con él.
    En primer lugar, no sé por qué comparas lo que yo he propuesto con uno de los partidos que existen ahora, y que no funciona de la forma que yo he propuesto.
    Yo hablo de tener un representante, que reciba una orden de trabajo directa de sus jefes, y que la cumpla (y sino, que se atenga a las consecuencias inmediatas). Se trataría de un sistema en el que cada persona pudiera votar directamente a cada decisión que se tuviera que tomar, o delegar en otras personas, que a su vez podrían también delegar en otras.
    Creo que con ese sistema, tendría que desaparecer el voto secreto para garantizar la ausencia de trampas (tanto el voto sobre decisiones internas, como sobre todo el voto en elecciones de representantes, por ejemplo mostrando el voto que se introduce en la urna a alguien que certifique el hecho, para así poder formar parte del sistema de votaciones interno). Al fin y al cabo, ¿por qué tendríamos que ocultar lo que pensamos, o lo que nos conviene personalmente, en una democracia real? A lo mejor alguien vota que quiere montar una guerra porque tiene intereses económicos en ello. Si el voto es secreto es muy probable que vote que sí. Si el voto es público tendrá que tener en cuenta otros factores. Creo que el sistema de voto oculto solo sirve para favorecer situaciones turbias y de desconfianza. El voto público nos ayudaría a tomar actitudes más en favor de la comunidad con la que convivimos.

    Con respecto a tu predilección por la violencia, creo que la historia ha demostrado ya en demasiadas ocasiones que solo suele servir para conseguir un “quítate tu pa ponerme yo”.
    En lugar de muerte por inanición debemos conseguir vida mediante la imaginación.

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