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Esta página ha sido creada como medio de expresión de las inquietudes que en muchas ocasiones rondan por nuestras cabezas.

Mi gran castigo, y bendición, fue nacer con una gran curiosidad que me obliga a querer conocer el porqué de las cosas. Castigo porque los que me rodean se toman mi insistencia al tratar de profundizar en los detalles de las cosas como un intento de quitarles crédito, y de querer tener siempre la razón (encima yo les digo que el que defiende su verdad no se acerca a la razón, pero el que busca la verdad suele terminar estando más cerca de la razón porque se desplaza hacia ella). Bendición porque, en mi afán de descubrir todo lo que me rodea, no queda lugar para el aburrimiento. Incluso atado a oscuras en las profundidades de la más oscura caverna, sin ver, oír, oler, degustar o palpar nada, se puede uno distraer meditando sobre cómo afecta ese estado extremo a nuestro organismo.

Esa misma curiosidad ha hecho que mi vida haya cambiado drásticamente de rumbo en unas cuantas ocasiones, al considerar que la etapa que había pasado ya no me aportaba casi nada. Esos cambios me han hecho aprender cosas de lo más variadas en todos los sentidos.

Una de las pocas cosas de las que nunca me he parado a aprender es la filosofía. Creo que la filosofía no se debe aprender, sino que se debe experimentar. Está muy bien saber qué han pensado otros antes que tú, pero más importante es saber qué es lo que realmente piensas tú.

Si se parte de una base sólida de conocimientos filosóficos, ¿cómo vamos a desarrollar ideas “realmente nuevas”? Para desarrollar ideas “realmente” nuevas no nos deberíamos basar en ideas antiguas. Por otro lado, es sorprendente como diferentes personas en diferentes situaciones llegan a las mismas conclusiones. Está bien comprobar que las ideas “realmente nuevas” ya se les ocurrieron anteriormente a muchos otros. Puede ser una prueba de que van por el buen camino. Sin embargo, cuando las ideas basadas en una buena base filosófica coinciden con las de otros con la misma buena base filosófica, tan solo puede ser una prueba de que están basadas en la misma buena base filosófica. A lo largo de mi vida me ha ocurrido en varias ocasiones que he oído hablar a gente con cierto renombre sobre ideas a las que llevaba un tiempo dando vueltas en la cabeza, y de las que habíamos sacado las mismas conclusiones. Eso me ha causado gran satisfacción, al comprobar que existen otras personas en el universo que se preocupan de lo mismo que me preocupo yo, y que llegan a mis mismas conclusiones.

Seguramente llegue el día, si es que vivo lo suficiente, en que mi curiosidad, si es que no la voy perdiendo con los años, me lleve a indagar sobre qué piensan otros (Me refiero a leer textos sobre filosofía. Por supuesto sí que me dedico constantemente a escuchar lo que piensan quienes me rodean, o quienes me llegan de las más diversas formas). Lo que me ha apartado de hacerlo hasta ahora es, por un lado, mi dedicación a otras cosas que me motivan más y, por otro, mi nula afición a la lectura. Mi nula dedicación a la lectura no es algo que me enorgullezca, ni tampoco es algo que me avergüence. Simplemente pienso que en la vida hay muchas formas de aprender aparte de la lectura. Hay muchos seguidores casi fanáticos de los libros, que parecen olvidar que los libros los escriben personas semejantes a ellos, y que sacan sus conocimientos ¿de otros libros? (En algún momento, en el principio de los libros, alguien sacaría sus conocimientos de algún sitio que no fuera un libro (ya que no existían libros previos)). Es evidente que cualquier persona tiene capacidad para deducir muchas cosas a partir de lo que otras le puedan enseñar de las más variadas formas. Por otra parte, si te rodeas de gente interesante, que encima lee libros interesantes, es fácil que a través de esas personas te llegue la esencia de lo que leen. También la observación y la meditación son muy buenas maestras. Es por todo eso que puedo afirmar que un despreciable porcentaje de mis escuetos conocimientos provienen de la lectura directa, y lo digo sin ruborizarme lo más mínimo.

También pienso que los libros han sido en muchos casos una forma de manipulación, al tratar de inculcar las ideas de unos pocos a la mayoría (o las ideas que a unos pocos les convenía que tuviera la mayoría). El libro ha sido como cualquier otro medio de comunicación masivo (radio, televisión, internet…): los grandes poderes han tratado de utilizarlos para mantener al pueblo llano “informado” y “distraído”, aunque en el caso del libro parece que siempre ha gozado de un estado de mayor credibilidad, seguramente por su carácter de quedar su contenido grabado a perpetuidad, en contraste con la radio o la televisión en las que las palabras se las llevaba el viento.

Sin más, te invito a que participes en filosofando.com comentando, criticando, aportando ideas…